
El fin de FATE: Madanes baja la persiana, culpa a los chinos y deja un cementerio de caucho en San Fernando
Sección País
El ruido de las máquinas se apagó para siempre en Virreyes. No es una suspensión, no es un "procedimiento preventivo de crisis", no es una amenaza para negociar paritarias. Es el final. FATE cerró.
Javier Madanes Quintanilla, el dueño del aluminio y del acero (Aluar), el hombre que heredó el imperio que su abuelo Leiser empezó vendiendo pilotines en Once, decidió que ya no tiene sentido seguir quemando plata. "Se liquida todo y se baja la persiana", sentenció una fuente cercana, con la frialdad de quien firma un certificado de defunción.
Son 920 familias en la calle. Y 40 hectáreas de historia industrial que ahora pasan a ser un terreno baldío —o un futuro negocio inmobiliario— en la zona norte del conurbano.
¿Quién mató a FATE? Depende a quién se le pregunte, el asesino tiene distinta cara.
Para la empresa, el tiro de gracia vino en barco desde Oriente. La apertura comercial del gobierno de Javier Milei inundó el mercado: solo en mayo entraron 860.000 cubiertas importadas. Un récord histórico. Contra la goma china, subsidiada y barata, no hay "esfuerzo nacional" que valga. "Hace 30 años que la empresa pierde plata, pero la invasión china cambió todo", dicen en los pasillos de la administración, donde ahora solo se calculan indemnizaciones.
Pero la sangre ya venía corriendo desde adentro. La guerra con el SUTNA, el sindicato del neumático liderado por el Partido Obrero, dejó heridas que nunca cicatrizaron. Madanes ya había calificado las tomas y los paros salvajes de 2022 como "neo-anarquismo". El gremialista Alejandro Crespo, que en septiembre se le plantó a Victoria Villarruel para darle un panfleto, hoy se encuentra con que no tiene patronal a la cual gritarle. Tiraron tanto de la cuerda que se cortó.
Es la tormenta perfecta de la Argentina pendular: costos impositivos de Noruega, productividad africana y una competencia asiática que te pasa por arriba.
Madanes, con una fortuna de 1.500 millones de dólares según Forbes, no se va a quedar en la calle. Pero sus allegados dicen que está "destrozado". Es el luto del capitán que hunde su propio barco porque mantenerlo a flote sale más caro que el naufragio.
Mientras el ministro "Toto" Caputo celebra la baja de la inflación y la apertura al mundo, en San Fernando se apaga la luz. Los consumidores tendrán neumáticos más baratos, sí. Pero la "Fábrica Argentina de Telas Engomadas" ya es, oficialmente, una pieza de museo.
La libertad avanza, los precios bajan, pero las persianas también.


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