
Grabois visitó a Díaz-Canel en Cuba y Timerman lo cruzó sin filtro: "Es una dictadura patética"
Sección País
En el siempre intrincado universo de la política exterior argentina, las lealtades ideológicas suelen chocar de frente con las contradicciones históricas. Este martes, el diputado nacional y referente insoslayable del frente Patria Grande, Juan Grabois, decidió protagonizar su propio capítulo de diplomacia paralela al aterrizar en La Habana para mantener una reunión oficial con el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel.
La postal caribeña, que rápidamente tuvo su correlato y amplificación en las redes sociales, tuvo como eje excluyente el rechazo a lo que el dirigente social definió como la “presión económica de los Estados Unidos” y una ferviente reivindicación de la “soberanía de los países caribeños”. Sin embargo, el viaje no cayó bien en todos los sectores del arco progresista y peronista local, desatando un feroz contrapunto público que expuso, una vez más, la profunda incomodidad que genera el régimen castrista en la discusión democrática contemporánea.
Fiel a su estilo verborrágico y confrontativo, Grabois utilizó sus plataformas digitales para bajar línea sobre el mensaje político de su gira. “Basta de pedir permiso para repudiar que se bombardee a cualquier país o exigir que un Estado pueda comprarle petróleo a otro”, arrancó su descargo el legislador, posicionándose como un defensor de la autodeterminación frente a la injerencia de las potencias occidentales.
Para el líder de Patria Grande, la ecuación geopolítica es lineal y no admite matices críticos hacia el gobierno que lo recibió: “Defender a Cuba es defender Latinoamérica y enfrentar a quienes quieren que las relaciones internacionales se rijan por la ley de la selva”. En su análisis, las políticas de Washington hacia la isla representan una agresión directa a toda la región.
La retórica de Grabois no se limitó a los cuestionamientos históricos del embargo, sino que apuntó directamente contra la actual administración estadounidense y sus recientes movimientos. “El bloqueo de Estados Unidos ya era brutal e ilegal, pero las nuevas medidas de Trump son un crimen contra el derecho internacional que, de perdurar, puede derivar en una grave crisis humanitaria”, advirtió el dirigente social. Para cerrar su argumentación, desestimó por completo la narrativa norteamericana que justifica las sanciones: “El argumento de que Cuba es una amenaza para la seguridad nacional de EE.UU. no resiste el menor análisis”.
Pero el eco de sus declaraciones en La Habana encontró una rápida, inesperada y contundente réplica en Buenos Aires. Javier Timerman, reconocido analista financiero y hermano del fallecido ex canciller Héctor Timerman —quien fuera una figura clave de la política exterior durante los gobiernos de Cristina Kirchner—, utilizó la red social X para lanzar un duro cuestionamiento a la actitud complaciente del diputado frente al gobierno cubano.
Timerman no anduvo con rodeos y apuntó directo a la médula de las contradicciones de la centroizquierda vernácula, esa que suele indignarse con los abusos de poder de la derecha pero justifica los autoritarismos propios. “Grabois viaja a Cuba, se reúne con su Presidente. ¿Por qué a la izquierda argentina le cuesta tanto aceptar que Cuba es una dictadura patética, que se violan los derechos humanos, que el modelo fracasó y que a su vez la política americana del bloqueo y embargo debe levantarse porque solo ha logrado consolidar el régimen?”, se preguntó de manera retórica, abriendo un debate sumamente espinoso.
El planteo de Timerman resulta particularmente agudo porque no se para desde la defensa del embargo estadounidense —al cual de hecho considera contraproducente por fortalecer la narrativa de victimización del propio régimen de partido único—, sino que desnuda la absoluta falta de condena a las violaciones a los libertades individuales dentro de la isla.
Como suele suceder en la dinámica tóxica de las redes sociales, el cruce no terminó ahí. Un usuario salió rápidamente al cruce de Timerman en defensa del viaje del líder de Patria Grande, apelando a la vieja y conocida estrategia del empate moral. “Un viaje no significa apoyar todo lo que sucede”, argumentó el internauta de manera condescendiente. “Puede ser exclusivamente de fraternidad con su pueblo, de solidaridad contra el bloqueo. Así como los viajes a Qatar o Arabia Saudita o el encuentro con sus dictadores, no significan un apoyo a todo lo que allí ocurre. ¿O sí?”, retrucó.
Lejos de dar por terminada la discusión o achicarse ante la chicana tuitera, Javier Timerman recogió el guante y brindó una respuesta categórica que apeló directamente a la memoria histórica de la República Argentina y a los años más oscuros del terrorismo de Estado, estableciendo un paralelismo ético ineludible para cualquier dirigente político.
“Entonces habría que exigirle -como creo que hay que exigirle a todos los que visitan dictaduras- que se junten con los exiliados antes de viajar, que visiten cárceles y se junten con organizaciones de derechos humanos”, disparó Timerman, marcando la enorme y vital diferencia entre una visita protocolar para la foto oficial y el compromiso real con los oprimidos por el sistema.
Para coronar su sólido argumento, el hermano del ex canciller recordó el rol fundamental que jugó la solidaridad de la comunidad internacional durante la última dictadura militar argentina para salvar vidas y denunciar los horrores: “Es lo que celebramos cuando venían delegaciones a Argentina durante la dictadura. Ni más ni menos”.
Una estocada final que dejó flotando en el aire el doble estándar de quienes levantan con fervor las banderas de los derechos humanos en su propio país, pero prefieren mirar hacia otro lado cuando posan sonrientes en los palacios del poder en La Habana.


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