
Expediente Epstein: la trama de negocios y real estate que roza a la Argentina
Sección País
Alan Faena construyó un imperio vendiendo fantasía. Todo en su universo es blanco inmaculado, dorado, plumas, sombreros de ala ancha y una estética onírica que promete el paraíso en la tierra, sea en Puerto Madero o en Miami. Pero los documentos que acaba de escupir el Departamento de Justicia de los Estados Unidos sugieren que, detrás de ese telón de seda, se colaron los monstruos.
El nombre que hace ruido no es cualquiera: Jeffrey Epstein.
El financista que se suicidó en su celda (o eso dice la versión oficial) no operaba solo. Y los papeles desclasificados muestran que sus tentáculos, o al menos los de sus lugartenientes, llegaron a tocar la orilla del Grupo Faena.
El dato más inquietante tiene fecha: 25 de octubre de 2012. Jean-Luc Brunel, el fundador de la agencia MC2 y señalado por la justicia como el proveedor de "carne fresca" para las fiestas de Epstein, aparece gestionando el envío de una modelo ucraniana a la Argentina. El contrato, frío y burocrático, habla de "apariciones, presencias y sesiones fotográficas". Pero hay un ítem que, leído a la luz de la historia, hiela la sangre: "Customer meetings" (reuniones con clientes).
Brunel, que terminaría ahorcado en una cárcel de París en 2022 llevándose sus secretos a la tumba, actuaba de intermediario. "Quiero cancelar Argentina", le escribiría a Epstein un mes después, en noviembre de 2012. Vaya uno a saber qué negocio se frustró o qué fiesta se aguó.
No es que Faena sea cómplice de pedofilia. Los papeles aclaran —y es justo decirlo— que no hay delito per se en las acciones del grupo argentino. Pero el archivo desnuda cómo la alta sociedad porteña y el jet set internacional se mezclan en un cóctel donde a veces el dinero tapa el olor a azufre.
La relación no terminó ahí. En 2016, los correos muestran a los contadores de Epstein relamiéndose con la idea de comprar unidades en el Faena House de Miami. "Puede ser que no sea una venta fácil para el León", decían, refiriéndose a Leon Black, otro peso pesado. Millones de dólares buscando ladrillos de lujo para lavarse la cara.
Y en 2018, la cosa se puso más "social". Un newsletter del Core Club —financiado por la billetera de Epstein— invitaba a sus socios a un "viaje muy curado a Buenos Aires" de la mano de Faena Rose. "Nuestros amigos", decían. Amistades peligrosas si las hay.
El Faena ya sabe de tragedias y sombras. Todavía resuena el eco del cuerpo de la modelo rusa Masha Kouznetsova cayendo por las escaleras del hotel en 2017, un incidente que nada tuvo que ver con Epstein pero que sumó una mancha roja al historial del hotel.
Ahora, la mancha viene del norte. Los documentos confirman lo que muchos sospechan pero pocos dicen: en las altas esferas, donde el champagne nunca se acaba, las fronteras entre el empresario visionario y el entorno del criminal más aborrecible del siglo pueden ser, a veces, tan finas como una línea de cocaína.



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