
Final de ciclo en San Telmo: cerró “Lo de Néstor” entre denuncias por fraude y sospechas de corrupción
Sección País
El barrio porteño de San Telmo perdió uno de sus enclaves más simbólicos de la "resistencia" cultural kirchnerista. El bar “Lo de Néstor”, que durante años funcionó como búnker de debate, mística y gastronomía peronista, anunció el cese total de sus actividades. Lo que para sus administradores es el final de una etapa vital agotada por la "persecución", para la justicia es el telón de fondo de una trama mucho más opaca vinculada al manejo discrecional de fondos públicos.
La sombra de la defraudación estatal
La gestión del bar estaba en manos de una cooperativa dirigida por el sindicalista Leonardo Duva, un hombre con llegada directa al ex presidente Alberto Fernández y socio político del dirigente de la UTEP, Juan Grabois. Sin embargo, la mística militante de la organización se vio empañada en 2023 por una grave denuncia judicial.
A Duva se lo investiga por presunta defraudación al Estado, luego de que se detectara que su cooperativa recibió $36 millones en subsidios oficiales. La sospecha de los denunciantes es que ese dinero, destinado teóricamente a fines sociales, nunca fue volcado en prestaciones reales a la comunidad, lo que puso bajo la lupa el financiamiento de espacios que combinaban la actividad comercial con la militancia política.
"Persecución" y el discurso de la resistencia
A través de un comunicado cargado de retórica épica, los responsables del establecimiento confirmaron que el ciclo vital del bar llegó a su fin con "profundo dolor". Aunque el local ya llevaba meses sin actividad, sus redes sociales se convirtieron en el último trinchera para denunciar lo que calificaron como una “persecución política, mediática, policial y judicial”.
Símbolos y doctrina que se vuelven recuerdo
Con el fin de “Lo de Néstor”, se pierde mucho más que un punto de encuentro gastronómico; se desmantela un museo de la liturgia K en pleno corazón porteño. El espacio se destacaba por su densa iconografía: grandes murales de Néstor Kirchner y Eva Perón custodiaban las mesas, mientras que una escultura de Juan Domingo Perón presidía el salón.
Incluso el menú funcionaba como una herramienta de formación doctrinaria, con platos cuyos nombres hacían alusión directa a la historia y las banderas del movimiento. Hoy, entre las denuncias por manejos irregulares y el cambio de clima político, esos platos y símbolos están a punto de convertirse en un recuerdo de una etapa que, como admitieron sus propios dueños, agotó irremediablemente su ciclo.


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