
Fuerte reaparición de Alberto Fernández: apuntó contra Cristina Kirchner, la tildó de "tapón" y fulminó la cumbre con Pichetto
Sección País
El expresidente Alberto Fernández volvió a irrumpir en el siempre convulsionado barro de la interna peronista. En una entrevista que dejó un tendal de heridos, el exmandatario no se guardó nada: apuntó directamente contra Cristina Fernández de Kirchner, a quien acusó de funcionar como un obstáculo para la renovación del espacio político, y fulminó la reciente cumbre entre la exvicepresidenta y Miguel Ángel Pichetto.
Durante una extensa charla con el ciclo Consciente Colectivo en el canal Norita Streaming, Fernández destiló una cruda autopsia sobre el presente del Partido Justicialista. El dardo más venenoso estuvo dirigido a la principal figura de la oposición. Al ser consultado sobre por qué no termina de consolidarse un recambio de nombres en la cúpula, disparó sin filtros y con nombre propio: “Claramente muchos ven un obstáculo en la presencia de algunos de los dirigentes que todavía existen. Por ejemplo, Cristina. Que opera como una suerte de tapón, por decirlo de algún modo”.
La estocada no terminó ahí. Fiel al tono picante que adoptó en su reaparición, el exjefe de Estado le bajó el precio al sorpresivo acercamiento entre su excompañera de fórmula y el actual líder de Encuentro Federal, una foto que sacudió la rosca política en los últimos días. “Creo que Cristina y Pichetto está muy bien que se reúnan. Creo que no nos están expresando nada nuevo ni valioso”, sentenció, sepultando cualquier expectativa sobre un armado electoral gestado desde la vieja guardia.
Jubilar a la histórica dirigencia: "Game over para nosotros"
Lejos de romper todos los puentes, Fernández intentó matizar sus tajantes definiciones con un obligado guiño institucional hacia la exmandataria. “Cristina tiene un lugar en la historia que nadie se lo va a discutir”, aclaró, al tiempo que aprovechó para blindarla en el terreno judicial frente a la condena en la Causa Vialidad, calificando el proceso como “un disparate” y asegurando que padece una “injusta condena”.
Sin embargo, el diagnóstico central de Fernández fue inamovible y letal: "El peronismo necesita un recambio generacional, claramente". Para ilustrar la asfixia interna que sufren los nuevos cuadros, apeló a una metáfora escénica directa: “No es que le falten dirigentes, le sobran. Pero para que suban al escenario tenemos que dejar el escenario un poquito vacío, porque si seguimos todos ahí sentados en el mismo lugar, es más difícil”.
En esa nómina de herederos naturales con volumen político, Fernández ungió al gobernador bonaerense Axel Kicillof, pero se cuidó de abrir el juego hacia otros armadores de peso. Enumeró a figuras como Gabriel Katopodis, Jorge Ferraresi, Francisco Echarren, Sergio Uñac y Jorge Capitanich, dejando en claro que el salto debe ser del terreno provincial o municipal hacia el plano nacional.
Predicando con el ejemplo, el expresidente descartó de cuajo cualquier ambición de volver a competir en las urnas, asumió que su rol ahora es "ayudar a otros a que lleguen" y lanzó un sincericidio brutal destinado a sus contemporáneos: “Ya está, game over para nosotros, que pasen los que siguen”.
La crisis de identidad, el "peronómetro" y el dardo a Córdoba
En el tramo final de su exposición, Fernández desnudó la profunda fractura ideológica que hoy paraliza al principal partido de la oposición. Exigió "una fuerte democratización interna" que destierre los acuerdos de cúpula entre "cuatro dirigentes" y obligue a la dirigencia a bajar a consultar a las bases.
Para el exmandatario, el justicialismo padece un "enorme conflicto" frente a la sociedad para demostrar qué intereses defiende. Sin guardarse nombres, expuso la contradicción latente que existe entre los distintos bloques legislativos y armados provinciales que dicen representar al espacio: “¿Cómo se entiende que el peronismo cordobés haya votado todo lo que votó? Entonces, ¿qué son ustedes? ¿Son como los peronistas cordobeses o son como Axel?”, desafió públicamente.
Finalmente, advirtió que sin saldar este debate doctrinario el partido se vuelve un frente "medio ingobernable". Con el objetivo de ordenar esa tensión ideológica, propuso ir a una consulta abierta, sin intermediarios: “Preguntémosle a la gente, a los afiliados: ‘¿Ustedes quieren que el peronismo sea un partido capitalista como dice Pichetto, o quieren que siga creyendo en la justicia social, la independencia económica y la soberanía política?’”.


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