Narcotráfico, espías y la teoría del "vende humo": la trama oculta detrás de la caída del coronel Quiroga

Procesado por la jueza Arroyo Salgado como el enlace clave de una banda que planeaba enviar cocaína a Europa, el exmilitar juró ante la Justicia que solo es un "pelotudo". La verdad sobre el vínculo político con la PSA, la oferta laboral en Perú y la caída del último prófugo.

Política01/02/2026Sección PaísSección País
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La jueza Sandra Arroyo Salgado, el coronel (R) Pablo Quiroga y el fiscal Fernando Domínguez (Sección País IA)

Hace más de dos meses que el coronel retirado Pablo Guillermo Quiroga (63) duerme en una celda del Complejo Penitenciario de Marcos Paz. Hombre de carrera en la Inteligencia del Ejército, vecino de Nordelta y dueño de una agencia de investigaciones, hoy ostenta un procesamiento con prisión preventiva y un embargo de 100 millones de pesos. La jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, lo considera el engranaje clave de una organización criminal: el "enlace" institucional que permitiría a una banda narco enviar cocaína a Francia utilizando las bodegas de aviones comerciales.

El caso estalló mediáticamente cuando Clarín lo dio a conocer a principios de enero, pero a medida que baja la espuma el expediente revela una dicotomía inquietante. Por un lado, la contundencia de las escuchas y los videos de inteligencia criminal; por el otro, la ausencia total de droga incautada y la confesión de un hombre que, lejos de la frialdad de un capo mafia, aseguró ante la Justicia ser víctima de su propia vanidad.

La acusación y el "enlace" político

Para la Justicia, Quiroga es parte de una "confabulación". La investigación nació del teléfono de Martín Asci, un narco detenido en el operativo "Los Reyes del Norte". De allí surgieron videos del interior de bodegas de aviones de KLM y planes para enviar droga a París o Australia.

Según la magistrada, Quiroga oficiaba de nexo con la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). Sin embargo, al hacer zoom en ese vínculo, el esquema criminal se desdibuja. El contacto acreditado es con Carlos Tonelli, actual director de la PSA. Fuentes oficiales confirmaron a este medio que la relación es real, pero no delictiva: nació en la política, cuando ambos coincidieron en los equipos técnicos de Juntos por el Cambio durante la campaña de 2023.

Tan endeble parece la sospecha de complicidad real que Tonelli no fue citado a declarar ni como imputado, validando tácitamente que Quiroga usaba ese conocimiento legítimo para simular poder ante la banda.

 "Soy un pelotudo"

Frente a este cuadro probatorio, la defensa —encabezada por el abogado Raúl Rosa, ex hombre de la SIDE— plantea una hipótesis menos cinematográfica: la de un hombre roto que sobreactuó su poder.

En su ampliación de indagatoria, el coronel se sinceró con una definición brutal: "Soy un pelotudo". Según su versión, no es un operador logístico, sino un "vende humo" que inventaba reuniones para ganar estatus.

Según su relato, la puerta de entrada al grupo no fue el delito, sino la religión. Su vínculo primario fue con Felipe Stanga, un despachante de aduana a quien conoció entre 2016 y 2018 en los retiros de la congregación católica El Camino de Emaús en San Isidro. Por entonces, Stanga enfrentaba una causa por homicidio culposo y, tras recuperar su libertad, el coronel intentó apoyarlo. Fue Stanga quien luego le presentó a Gastón Herrero (con quien Quiroga dice haber tenido solo un trato administrativo) y finalmente a su ex compañero de celda, Martín Asci.

Autos, mentiras y el plan del "buche"

​Bajo la premisa de ayudar a la "reinserción" de Asci, Quiroga explicó que intentó encauzarlo en un negocio legítimo: la compraventa de autos. Incluso detalló ante la jueza una operación concreta: la entrega de un Peugeot 208 como parte de pago para retirar un Toyota Etios en una concesionaria de Pacheco.

​Pero la relación tenía un carril paralelo. Asci tenía una obsesión: ingresar a las fuerzas de seguridad. "Martín quería ser agente de la SIDE", detalló el coronel, admitiendo que alimentaba esa fantasía con mentiras piadosas.

​Es aquí donde surge una hipótesis alternativa que circula en tribunales: que Quiroga no buscaba ser socio narco, sino utilizar a Asci como "informante" o "buche". Esta teoría cobra fuerza con un mensaje que el coronel le envió al propio Tonelli (PSA) refiriéndose a Asci como una "fuente". "Fuente es aquel que puede aportar información de interés", se defendió Quiroga, sugiriendo que su juego era de inteligencia, no de narcotráfico.

Perú, donas y cremas: las explicaciones insólitas

El detonante de la detención fue un viaje a Lima, interpretado por la Justicia como riesgo de fuga. Quiroga, en cambio, presentó una coartada laboral sólida: viajaba para asumir un puesto de seguridad corporativa en Movistar Perú, propuesta que —según pudo confirmar este medio— le llegó por parte de un ex directivo de la disuelta Agencia Federal de Inteligencia (AFI) con pasado en el Ejército Argentino.

Cuando lo detuvieron en Ezeiza, no traía divisas. Solo llevaba cuatro cajas de Dunkin’ Donuts para sus nietos. "Se le llamó 'Operación Donas' porque soy militar y le decimos operación a cualquier cosa", explicó.

Tampoco apareció la droga que sugerían las escuchas. Donde los investigadores oían hablar de "cosas de la droguería" (precursores químicos), Quiroga juró que eran cremas. Explicó que su agencia (Código Q) realizaba investigaciones para el laboratorio Andrómaco y que, tras una compra controlada, terminó con "un baúl lleno de cremas, de ahí la broma".

Lo único tangible fue el arsenal hallado en su casa (una Hafdasa, una Colt, un subfusil), que atribuyó a su odontólogo, Enrique Santos, quien se las habría dado "porque estaba viejo" para gestionar los trámites en la ANMAC.

El fin de la feria y el "villano" de la película

La investigación del fiscal Fernando Domínguez dio esta semana el golpe definitivo que cierra el círculo de sospechosos. Este miércoles 28 de enero, Gendarmería Nacional allanó una torre en la calle Juana Manso al 600, en Puerto Madero, y detuvo a Gastón Herrero, el último prófugo del expediente, junto a un presunto cómplice: Daniel Lerner.

Con la banda completa tras las rejas, la atención se traslada ahora a la Cámara Federal de San Martín, que tiene en su poder la apelación de la defensa sobre la situación procesal de Quiroga desde el pasado 31 de diciembre. Se espera que a partir de este lunes, con la finalización de la feria judicial de enero, haya novedades en el tribunal.

Serán los camaristas quienes deberán leer entrelíneas y distinguir entre un peligroso operador logístico del narcotráfico y un militar retirado que, buscando impresionar, terminó convirtiéndose en el villano de una película que él mismo guionó, pero que no supo protagonizar.

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