
Del "caballo loco" al error matemático: el show de Milei con el sable de San Martín terminó en blooper y polémica histórica
Sección País
Javier Milei viajó a San Lorenzo buscando la foto de la consagración patriótica, pero se volvió con un álbum de bloopers. El acto de entrega del sable corvo del General San Martín al Regimiento de Granaderos a Caballo, diseñado para ser un hito de la "batalla cultural", terminó opacado por la realidad: desde un caballo que se retobó ante la presencia presidencial hasta un furcio histórico que le restó casi un siglo a la Argentina.
Señales del cielo (y del suelo)
La mística libertaria chocó de frente con la conducta equina. En uno de los momentos más viralizados del fin de semana, un caballo blanco del regimiento se desbocó justo antes de que el Presidente pudiera tocar el arma sagrada, arrojando al granadero violentamente al suelo.
En las redes sociales, rápidas para la crueldad, el episodio fue leído como un presagio. "Un caballo blanco se retobó y tiró al granadero a la mierda antes de que Milei toque el sable", festejaron los usuarios, mientras el video se replicaba como el símbolo de un acto que, pese a la solemnidad pretendida, bordeó el paso de comedia.
Las cuentas no dan
Si el incidente con el caballo generó burlas, el discurso presidencial provocó indignación en los profesores de historia. En pleno éxtasis oratorio, Milei habló del "aniversario número 123" del Combate de San Lorenzo.
El problema es aritmético: la batalla ocurrió el 3 de febrero de 1813. Si estamos en 2026, pasaron 213 años. El Presidente le "robó" 90 años a la historia nacional de un plumazo. "Burro irrecuperable, devolvé el sable y la banda", fue una de las críticas más suaves que se leyeron en X (ex Twitter), donde le recordaron que Argentina tiene más de dos siglos de vida, no uno y monedas.
La "reparación" de Onganía
Más allá de los accidentes, el trasfondo político del traslado del sable abrió una grieta institucional. Milei defendió la movida asegurando que "no es un objeto histórico más ni una pieza de exhibición", sino un símbolo que debe estar con los militares. "Hoy consagramos el retorno del sable corvo al Regimiento", disparó, vendiéndolo como un acto de justicia.
Sin embargo, los archivos cuentan otra historia. El sable fue donado por Manuela Rosas en 1897 al Museo Histórico Nacional para su custodia. Allí estuvo 66 años hasta que el dictador Juan Carlos Onganía se lo entregó a los Granaderos. Años más tarde, el kirchnerismo lo restituyó al museo para cumplir con la voluntad de la familia y garantizar su conservación.
La lectura opositora fue lapidaria: "Tuvo que echar a dos directores del Museo Histórico Nacional para cumplir su berrinche", señalaron desde la cuenta Arrepentidos de Milei. Para el periodismo y la academia, el gesto de Milei no repara la historia, sino que "restablece el orden del dictador Onganía".
El símbolo en disputa
Desde el escenario, y ajeno a las críticas por la conservación del acero o la seguridad del patrimonio, Milei cerró con su clásico "Viva la Patria", convencido de que su tarea es "poner las cosas en su lugar".
Para una parte del país, ese lugar es el Regimiento. Para la otra, el sable corvo se convirtió en el último rehén de una gestión que, entre caballos desbocados y fechas erróneas, intenta reescribir la historia a su imagen y semejanza.


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