
El silencio ensordecedor de Cristina: entre la cinta de caminar en Constitución y el "dedazo" para Kicillof
Sección País
En un país donde la política se mide por los decibeles, el silencio de Cristina Kirchner se ha vuelto el ruido más fuerte de la interna peronista. Hace un mes que la exmandataria no tuitea, no publica historias, no escribe sus famosas cartas "kilométricas" ni sale al balcón de su departamento en Constitución. Sin embargo, como un "fantasma peronista", su influencia sigue presente en cada mesa de negociación y rosca del conurbano.
Prisión, búnker y gimnasio
El ostracismo de CFK tiene un origen médico: una apendicitis en diciembre que derivó en peritonitis localizada e íleo postoperatorio, obligándola a pasar las Fiestas internada en el Otamendi hasta recibir el alta el 3 de enero.
Desde entonces, se recluyó en su departamento de San José 1111, un espacio que hoy cumple una triple función: es su prisión domiciliaria, su búnker político y su centro de rehabilitación. Allí, la jefa del peronismo camina todos los días en una cinta, una metáfora irresistible de la actualidad de su espacio político: moverse constantemente sin salir del lugar.
La paranoia es parte de la rutina. Cristina evita hablar por teléfono porque teme ser escuchada, un temor que comparte con su operador histórico, Oscar Parrilli. Quienes logran verla, como Juan Grabois, salen a militar su vigencia: el dirigente social aseguró verla "íntegra, digna y con lucidez" tras una reunión de dos horas.
La coronación de Kicillof y el teléfono descompuesto
Mientras Cristina calla, el peronismo se reacomoda. En una jugada que mezcla la "unidad" con la encerrona táctica, Máximo Kirchner le ofreció la presidencia del PJ bonaerense a Axel Kicillof, quien el sábado aceptó formalmente el cargo.
La lectura política es doble: para el kirchnerismo es un gesto de grandeza; para el kicillofismo, el reconocimiento inevitable de que Axel es el único con gestión real para pararse frente a Milei. Sin embargo, la comunicación directa entre la "madre" y el "hijo pródigo" está cortada: Kicillof no habla con Cristina desde octubre.
Tampoco hay línea directa con Sergio Massa. Según fuentes cercanas, no hablan desde antes de la internación. Aun así, los operadores de las tres tribus (cristinismo, massismo y kicillofismo) mantienen activo un "grupo de WhatsApp" imaginario donde cruzan mensajes, interpretando los silencios de la Jefa a gusto y piacere.
Operativo "Cristina Libre"
De cara a lo que viene, el Instituto Patria ya bajó la consigna para febrero: "Cristina Libre". La estrategia es reinstalar la narrativa de la proscripción y trazar un paralelo histórico con el exilio de Perón, advirtiendo que las elecciones de 2027 tendrán "dudosa legitimidad" si ella no está en la cancha.
El dato que manejan en el laboratorio K es que Cristina conserva un piso de imagen positiva de entre el 34% y el 37%, una cifra que ningún otro dirigente del espacio alcanza. Su objetivo parece claro: no puede ser candidata por la condena, pero pretende ser la gran electora que defina las reglas del juego.
Mientras Kicillof inicia su tour federal y los gobernadores muestran los dientes, en el peronismo rige una regla no escrita que explica el clima de este febrero: "Cuando Cristina calla, alguien tiembla".


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