El trago más amargo de Manaos: un despido, 800 palos y la industria del juicio a cielo abierto

La Corte de Mendoza le bajó el martillo a Orlando Canido. Un viajante de comercio, una registración defectuosa y una indemnización que, entre capital e intereses, supera el medio millón de dólares. Para el empresario, es el negocio de "ganar plata sin trabajar".

Economía y negocios16/02/2026Sección PaísSección País
image (6)
(Sección País IA)

Orlando Canido suele jactarse de pelear mano a mano contra los gigantes multinacionales de la gaseosa, pero esta vez el sablazo no vino desde Atlanta, sino desde Cuyo. Y dolió.

La Suprema Corte de Justicia de Mendoza le acaba de confirmar a Refres Now S.A. —la dueña de Manaos— una condena que tiene sabor a quiebra para cualquier Pyme, aunque Canido tenga espalda para aguantarla: 807.676.293,72 pesos.

Ese es el precio final de un despido. O mejor dicho, de un "autodespido".

La historia tiene nombre y apellido: Jorge Daniel Garre. Un viajante de comercio que durante nueve años pateó la calle vendiendo la gaseosa del conurbano en Mendoza, San Juan y La Pampa. El 27 de diciembre de 2022, Garre dijo basta. Se consideró despedido alegando que le debían sueldos y, el clásico de los clásicos, que estaba mal registrado.

Para la empresa, Garre era un empleado bajo el convenio de Aguas y Gaseosas. Para la Justicia, un "viajante de comercio" amparado por la Ley 14.546, un estatuto que suele ser la pesadilla de los empleadores por sus indemnizaciones especiales por clientela. Esa diferencia de criterio fue la llave maestra que abrió la caja fuerte.

El fallo, firmado por los jueces Omar Palermo, Norma Llatse y Mario Adaro, es una radiografía de la litigiosidad argentina. El capital reclamado era de "apenas" 223 millones. Pero la magia de los tribunales laborales argentinos hizo el resto: los intereses sumaron otros 584 millones. Una bola de nieve financiera que transformó un reclamo laboral en una fortuna.

Y eso que Canido la sacó barata. En primera instancia, una cámara laboral se había despachado con una sentencia de 1.500 millones de pesos. La Corte provincial tuvo que intervenir para recortar el disparate, pero aun así dejó en pie una cifra que, al dólar libre, supera holgadamente el medio millón verde.

"Insólito y absolutamente fuera de contexto", disparó Canido ante la consulta de la prensa, masticando bronca.

El dueño de Manaos no se anda con vueltas. Para él, esto no es justicia social, es avivada. "Ve la posibilidad de ganar plata sin trabajar y no lo duda un segundo", había dicho tiempo atrás en un podcast, anticipando la jugada. Su diagnóstico es lapidario: de las 40 fábricas de gaseosas que había cuando él arrancó, hoy quedan seis. El resto se fundió o se las comió el sistema.

Mientras en el Senado se levantan las manos para aprobar una reforma laboral que promete ponerle un tope a la discrecionalidad de los intereses y frenar la "industria del juicio", en Mendoza los contadores de Refres Now tienen cinco días para depositar.

Para Garre, fue el negocio de su vida. Para Canido, la confirmación de que en la Argentina, producir gaseosas es un deporte de alto riesgo donde el peligro no es que la bebida pierda gas, sino que te explote un expediente en la cara.

Lo más visto