Fin de la "teoría del vende humo": la Justicia confirmó la prisión del coronel acusado de narcointeligencia

La Cámara Federal de San Martín ratificó el procesamiento de Pablo Quiroga y el despachante Felipe Stanga. Los jueces desestimaron la coartada del militar, que alegaba "mentir por vanidad", y validaron las pruebas de una confabulación para enviar cocaína a Europa vía Ezeiza. Chats técnicos, armas de guerra y el audio clave: "Menos mal que no se hizo nada".

Política05/02/2026Sección PaísSección País
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El intento del coronel retirado Pablo Guillermo Quiroga por instalar que no es más que un "vendehumo" atrapado en su propia red de mentiras fracasó. Para la Justicia Federal, lo que había en los chats encriptados y en su casa de Nordelta no era fantasía, sino un plan criminal en fase de ejecución.

Este martes 3 de febrero, la Cámara Federal de San Martín dinamitó la estrategia defensiva al confirmar el procesamiento con prisión preventiva de Quiroga y del despachante de Aduana Felipe María Stanga. Los jueces de la Sala de Feria, Alberto Lugones y Néstor Barral, ratificaron lo actuado por la jueza Sandra Arroyo Salgado, validando la acusación por "confabulación" para el tráfico internacional de estupefacientes y tenencia de armas de guerra.

Del "Pallet 33" a la precisión técnica

El fallo judicial sepulta la idea de charlas informales. La Cámara ponderó la precisión técnica de la información que manejaba la banda, surgida tras la apertura del teléfono de Martín Asci, un viejo conocido de los tribunales detenido en el operativo "Los Reyes del Norte".

Lejos de una charla de café, los imputados intercambiaban planos de aeronaves de KLM y Air France con coordenadas específicas. "Buen día hermano. Ese video es de una bajada de KLM mínimo 10 unidades. Esos dos lugares hasta el momento me pasaron que podemos hacer paneles", se lee en uno de los mensajes citados en el expediente. También hablaban de logística fina: "Pallets 33, 34R/35R" y costos de "20k" (20.000 euros) por kilo puesto en destino.

La caída del "enlace"

El rol de Quiroga, según la hipótesis fiscal avalada ahora por la Cámara, no era el de un espectador pasivo, sino el de "enlace" y "cobertura". Aprovechando su pasado en Inteligencia del Ejército y su agencia privada, el coronel habría gestionado los supuestos contactos con la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) para "blindar" la carga.

Su defensa, a cargo del abogado y ex agente de la SIDE Raúl Rosa, intentó una jugada audaz en la indagatoria: Quiroga aseguró que les mentía a sus socios sobre sus influencias para "ganar tiempo" y convencerlos de cambiar de rubro hacia la compraventa de autos. Los camaristas fueron lapidarios: calificaron el argumento de "pueril" y confirmaron no solo su encierro, sino también un embargo de 100 millones de pesos.

Además, la situación de Quiroga se agrava por el arsenal hallado en su casa de Los Castores: una pistola Ballester Molina, una Colt 9mm, un revólver .38 y, lo más comprometedor, un subfusil PA3DM calibre 9mm, arma de guerra prohibida para civiles.

Filtraciones y la confesión final

La causa también expone la porosidad de las fuerzas de seguridad. La investigación sufrió tantas filtraciones que la jueza Arroyo Salgado debió cambiar dos veces de fuerza auxiliar hasta confiar en Gendarmería Nacional, que finalmente detuvo al prófugo Gastón Herrero el pasado 28 de enero en Puerto Madero.

Los propios imputados sabían que los escuchaban. En un audio del 24 de agosto de 2025, Asci advertía desde su detención: "Me dijeron que yo tenía agendado a Pablo... la conexión con Pablo salpica".

Pero la prueba más contundente sobre la existencia del plan —y su frustración por miedo a la cárcel— salió de la boca del despachante Stanga. En una escucha del 8 de octubre, tras enterarse de que una brigada de la Federal los seguía, soltó la frase que para los jueces es una confesión tácita: "Igual, nada, a mí que me investiguen... pero es un dolor de huevos. Menos mal que no se hizo nada".

Para la Justicia, que "no se haya hecho nada" no fue por falta de voluntad, sino por el temor a ser descubiertos. Y eso, en el Código Penal, se llama confabulación.

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