
"Don Chatarrín" y el fantasma del golpe de mercado: la historia secreta de la guerra total entre Milei y Paolo Rocca
Sección País
Javier Milei suele ser inflexible cuando economía y "batalla cultural" se cruzan. Pero su reciente ofensiva contra Paolo Rocca, el empresario más poderoso de la Argentina, tiene un componente adicional que desconcertaba hasta hace poco a su propio Gabinete: un rencor personal alimentado por sospechas de conspiración.
En la intimidad de la Casa Rosada, el Presidente ya no llama al CEO del Grupo Techint por su nombre. Lo bautizó con un apodo corrosivo que sus allegados festejan: "Don Chatarrín de los tubitos caros". La burla no es solo un gesto de desprecio; es la manifestación de una ruptura política que se terminó de cristalizar con una derrota comercial histórica para el holding ítalo-argentino.
El detonante: 480 kilómetros de caños indios
La guerra estalló públicamente hace unas semanas, cuando Techint perdió, por primera vez en décadas, una licitación privada de gran magnitud. El consorcio Southern Energy —integrado por PAE, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar— adjudicó a la empresa india Welspun la provisión de los tubos para el gasoducto que unirá Vaca Muerta con Río Negro.
La oferta de la firma india, que utiliza chapa china, fue un 40% más barata que la de Techint, una diferencia de costos de 80 millones de dólares que el consorcio consideró "inaceptable". En Balcarce 50 celebraron el resultado como un "leading case", el hito fundacional de un nuevo modelo económico.
"Están todos locos. Se quedaron en el kirchnerismo", respondieron en el Gobierno ante la amenaza de Techint de presentar una denuncia por dumping y suspender actividades en su planta de Valentín Alsina. Para Milei, el episodio confirmó su tesis: "Abriendo la competencia se bajan los costos; sin competencia, cobran lo que quieren".
La teoría de la conspiración de septiembre
Sin embargo, la razón de fondo de la furia presidencial no son los caños, sino la política. En el círculo íntimo de Milei y de su asesor estrella, Santiago Caputo, están convencidos de que Rocca "jugó all in" para que el gobierno terminara después de las elecciones de septiembre de 2025.
Creen que el empresario fue parte de un intento de "golpe de mercado" para forzar una devaluación y espiralizar la inflación en un momento de debilidad política tras la derrota electoral en Buenos Aires. "Hubo periodistas y máximas autoridades del Poder Judicial ayudando", acusan en el oficialismo. Aunque Techint aportó 20 millones de pesos a la campaña de Milei para el balotaje, el Presidente siente que Rocca representa a un sector del "círculo rojo" que lo subestimó y que, en el momento crítico, operó en su contra.
Bulgheroni "adentro", Rocca "afuera"
El conflicto reconfiguró el mapa de alianzas del poder. Milei ya no disimula su preferencia por otros actores del establishment, trazando una línea divisoria clara. Del lado de los "amigos" quedaron Alejandro Bulgheroni (PAE) y Marcelo Mindlin (Pampa), casualmente socios en el consorcio que le bajó el pulgar a Techint en la licitación.
La sintonía con los Bulgheroni es fina y familiar. Karina Milei nombró a Bettina Bulgheroni como embajadora de la Marca País y mantiene un vínculo estrecho con ella. A diferencia de Rocca, a quien Milei considera el "máximo exponente de la Argentina prebendaria", los dueños de PAE son vistos como aliados estratégicos del modelo.
El modelo "soviético" y la incomodidad interna
Para la Casa Rosada, el conflicto con Techint es pedagógico. Admiten que buscan una transición "schumpeteriana" de la economía, donde la "destrucción creativa" barra con trabajos improductivos para generar nuevos. "Es la transición que nos permite salir de una economía soviética", explican fuentes presidenciales, minimizando el impacto en el empleo industrial de empresas que "no son dignas del favor del mercado".
Esta postura radical generó estupor e incomodidad en el Gabinete, donde conviven varios funcionarios con pasado en el holding de Rocca. El secretario de Trabajo, Julio Cordero, y el titular del INET, Ludovico Grillo, quedaron en el fuego cruzado.
Aunque el Gobierno descarta por ahora una purga de "ex Techint" —bajo la premisa de que lo importante es que estén alineados con las ideas—, la orden es clara: el proteccionismo se acabó. Mientras tanto, el ministro Federico Sturzenegger defiende públicamente la compra de caños indios y Martín Menem milita el RIGI en las provincias como la herramienta clave para que esta apertura se replique.
Rocca, definido por sus interlocutores como un "jugador de ajedrez", ha optado por el silencio ante los agravios. Pero en la Casa Rosada, "Don Chatarrín" ya es el enemigo público número uno del nuevo relato libertario.


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