Operativo Reculando: Bullrich, la "mafia de los certificados" y el arte de emparchar lo que se rompió

El Gobierno se dio cuenta tarde de que le bajó el sueldo a los pacientes oncológicos. Ahora, Patricia apela a la creativa figura de la "aclaración" para no admitir el error y busca evitar que la ley vuelva al Senado con una maniobra de dudosa legalidad.

Política16/02/2026Sección PaísSección País
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En el barrio le dicen "recular en chancletas". En la política, se le llama "mesa de diálogo para correcciones técnicas".

La euforia por la media sanción de la Reforma Laboral duró lo que tarda un viral de TikTok. Apenas se disipó el humo de los festejos, el oficialismo se desayunó con que el Artículo 208 —ese que redactaron con la misma delicadeza con la que se desactiva una bomba a martillazos— dejaba a un enfermo de cáncer cobrando la mitad de su sueldo.

El impacto público fue letal. Y como el Gobierno no puede admitir errores (porque la infalibilidad es dogma de fe), Patricia Bullrich salió a apagar el incendio con nafta: la culpa no es de la mala redacción, es de la "mafia de los certificados truchos".

"Existe una mafia y hay que terminar con eso", disparó la senadora en la tele, fiel a su estilo de convertir cualquier gestión administrativa en una guerra contra el crimen organizado. Según su visión, el recorte del 50% al 75% del salario en licencias por enfermedad era un misil teledirigido a los "vivos" que se esguinzaban el tobillo jugando al fútbol 5. "Antes de que llegue la policía, llegan los abogados a ofrecer certificados", graficó.

Pero la realidad, que suele ser más obstinada que el relato, le mostró que el misil también le pegaba a los que tienen enfermedades degenerativas, terminales o graves.

Entonces, empezó el show del parche.

Bullrich avisó que "están trabajando" para que, en casos "fehacientes" y "graves", se mantenga el 100% del salario. Hasta ahí, suena lógico. El problema es el cómo.

Si tocan una coma del texto, el proyecto tiene que volver al Senado. Y eso es lo que nadie quiere. Martín Menem no quiere volver a contar los porotos y la Casa Rosada no quiere dilatar el triunfo. ¿La solución mágica? La "creatividad" jurídica.

Desde el Ejecutivo deslizan la idea de arreglar el entuerto vía reglamentación o forzando convenios colectivos que incluyan cláusulas no remunerativas para cubrir el bache salarial. Es decir: quieren que una norma inferior (un decreto o un convenio) contradiga o amplíe lo que dice la ley madre que acaban de votar.

Cualquier estudiante de Derecho de primer año sabe que eso es un colador jurídico. Una reglamentación no puede ir en contra del espíritu de la ley aprobada por el Congreso. Pero en la urgencia de la política argentina, los manuales de derecho constitucional suelen usarse para calzar la mesa ratona.

Lo concreto es que pasaron de festejar la "modernización definitiva" a ver cómo atan con alambre un artículo que les explotó en la mano. Bullrich promete juntas médicas, controles estrictos y mano dura para el que simula.

Mientras tanto, en los pasillos del Congreso, los abogados laboralistas ya se frotan las manos. Saben que cada "parche" que el Gobierno le pone a la ley es un juicio ganado en el futuro. Porque, como dice el dicho, el que mal legisla, dos veces paga.

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