
"Un tiro en la cabeza": El incendiario exabrupto del "Changui" Cáceres contra Javier Milei
Sección PaísLa temperatura política en la Argentina parece no tener techo. Tras los polémicos dichos del gobernador riojano Ricardo Quintela, quien esta misma semana puso en duda la finalización del mandato presidencial, la voz de la vieja guardia de la Unión Cívica Radical (UCR) se sumó a la contienda con una virulencia sin precedentes. Luis Alberto “Changui” Cáceres, referente histórico del radicalismo santafesino, rompió el silencio con una serie de definiciones que cruzaron la frontera de la crítica política para instalarse en el terreno del escándalo institucional.
​En una entrevista concedida al periodista Alfredo Casado en Radio Splendid, el dirigente de 82 años descargó una furia contenida contra el modelo de Javier Milei, apelando a figuras retóricas de extrema gravedad. Para Cáceres, el escenario actual no es solo una crisis económica, sino una descomposición acelerada del sistema que podría derivar en un final violento o abrupto, motivado —según su visión— por la propia inestabilidad del jefe de Estado.
​La metáfora del final: "Nos soluciona el problema"
​El tramo más oscuro del reportaje ocurrió cuando el ex diputado nacional (1983-1989) especuló sobre la salud mental de Milei y las posibles salidas a la crisis política. “Este muchacho que nos preside, el psicótico, por ahí nos termina solucionando el problema porque hace unos zafarranchos”, arrancó diciendo el dirigente, quien milita en el partido de Alem desde los 15 años.
​Sin embargo, la frase que paralizó el aire radial fue la que aludió directamente a una eventual autodestrucción del Presidente. “Cuando no lo tienen muy medicado, se pega un tiro en la rodilla, en el pie, por ahí se pega un tiro en la cabeza y nos soluciona el problema”, lanzó Cáceres sin titubeos. La frase, que rápidamente se viralizó, fue interpretada como una de las expresiones más violentas surgidas desde el seno de la política tradicional desde que comenzó la era libertaria.
​Corrupción y delirio internacional
​Lejos de quedar solo en la agresión personal, el “Changui” Cáceres trazó un paralelismo con las gestiones anteriores para denunciar un esquema de saqueo del Estado que, a su criterio, es hoy más eficiente y rápido. “Si los anteriores robaron, que creo que sí, estos lo están haciendo más rápido, a una velocidad impresionante”, disparó el santafesino. Según su análisis, este ritmo vertiginoso responde a una sospecha del propio oficialismo sobre su permanencia en el poder: “Quizás están previendo que les van a dar un boleo en el traste en algún momento”.
​El posicionamiento internacional de la Casa Rosada tampoco quedó fuera del radar del dirigente. Para Cáceres, la alianza incondicional con figuras como Donald Trump y el alineamiento absoluto con Israel son apuestas riesgosas que terminarán en fracaso. Sentenció que esta política exterior “se le va a terminar yendo al carajo”, en un diagnóstico que refleja la distancia sideral que hoy existe entre la conducción nacional y los sectores históricos de la UCR.
​El fin de los partidos: "No queda un carajo"
​El análisis de Cáceres no se detuvo en la figura de Milei, sino que se extendió a la crisis terminal de las estructuras partidarias en la Argentina. Con una amargura evidente, el referente radical admitió que tanto el peronismo como el radicalismo han dejado de existir como expresiones orgánicas con capacidad de respuesta. “Como expresión orgánica a nivel nacional, del radicalismo no queda un carajo, como tampoco queda del peronismo”, opinó tajante.
​Para el dirigente, el corrimiento del partido hacia posiciones de derecha y la convivencia con sectores antagónicos a la historia de la UCR es una traición a los principios fundacionales. “Es una convivencia imposible. Van a contramano de todas las posiciones que el partido históricamente ha sostenido”, explicó, señalando la falta de capacidad para generar una alternativa viable y creíble para la sociedad.
​En definitiva, las palabras de Cáceres operan como un síntoma de la desesperación de una clase política que se ve desplazada y que, en su impotencia, recurre a una retórica de máxima tensión. Mientras el país observa con asombro cómo se degradan los términos del debate público, el exabrupto del dirigente santafesino se suma a una lista de advertencias que, por su virulencia, amenazan con judicializarse en las próximas horas, siguiendo el camino de lo ocurrido con otros opositores que agitaron el fantasma de la interrupción del mandato.


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