
El ranking que enfurece a Milei: los periodistas más respetados del país son sus principales blancos
Sección País
El termómetro del poder a veces arroja resultados que incomodan profundamente al relato oficial. En las últimas horas, la consultora Poliarquía dio a conocer su tradicional encuesta sobre los "25 periodistas más respetados de la Argentina", un relevamiento minucioso que toma el pulso a la élite política, empresarial y académica del país. La lectura de los datos, lejos de pasar desapercibida, abrió un intenso debate y arrojó dos conclusiones tan nítidas como polémicas: el periodismo de influencia sigue siendo un club cerrado de hombres, y el "Círculo Rojo" valora exactamente a las mismas figuras que Javier Milei ha elegido como sus enemigos públicos número uno.
El primer dato que saltó a la vista en el informe, y que encendió las alarmas en el ámbito político y mediático, es la bajísima —casi nula— representación femenina. De los veinticinco nombres que integran esta lista de élite, apenas tres pertenecen a mujeres: María O'Donnell, Cristina Pérez y Luciana Vázquez. Esta cifra raquítica vuelve a poner sobre la mesa la persistente e innegable desigualdad de género en la cúspide del reconocimiento profesional. A pesar de la amplia trayectoria de cientos de comunicadoras que marcan la agenda diaria, la mirada de los líderes sigue otorgando la autoridad periodística con un sesgo marcadamente masculino.
Sin embargo, el aspecto que mayor voltaje político le inyecta a la encuesta es el perfil editorial de los elegidos. En su abrumadora mayoría, se trata de comunicadores que han mantenido posiciones críticas, incisivas y directamente enfrentadas a la praxis y al pensamiento del gobierno de La Libertad Avanza. Lejos de premiar la condescendencia o el aplauso oficialista que abunda en las redes sociales, los líderes del país se inclinaron por aquellos que fiscalizan al poder de turno.
Para entender la magnitud del cortocircuito entre lo que el establishment respeta y lo que la Casa Rosada detesta, basta con repasar los 25 nombres del ranking:
Carlos Pagni
Jorge Liotti
Hugo Alconada Mon
Diego Sehinkman
Nelson Castro
Ernesto Tenembaum
Joaquín Morales Solá
María O'Donnell
Diego Cabot
Eduardo Feinmann
José del Río
Jorge Fernández Díaz
Alfredo Leuco
Alejandro Bercovich
Martín R. Yebra
Antonio Laje
Cristina Pérez
Jorge Fontevecchia
Luis Majul
Luciana Vázquez
Marcelo Longobardi
Ricardo Kirschbaum
Jonatan Viale
Ezequiel Burgo
Ariel Lijalad
Este listado no es un simple compendio de apellidos ilustres; es, en la práctica, el mapa de las batallas personales de Javier Milei. La hostilidad del mandatario hacia la prensa tradicional es una marca registrada de su gestión, pero el ensañamiento con varios de los integrantes de esta nómina ha cruzado las fronteras de la crítica para adentrarse en el pantanoso terreno de la descalificación personal, los apodos despectivos y, en ocasiones, la persecución en tribunales.
El caso de Carlos Pagni, quien lidera indiscutidamente el ranking de respeto, es el más paradigmático. Lejos de tolerar sus editoriales, el Presidente lo rebautizó en el barro de las redes sociales como "LuKas Adams", intentando ridiculizarlo por su supuesto parecido físico con el personaje de la mítica serie de televisión. Pero la tensión no quedó en el meme barato. Meses atrás, el jefe de Estado decidió llevar a Pagni a la Justicia, querellándolo por supuestas calumnias e injurias luego de que el periodista trazara una analogía histórica entre el ascenso al poder del libertario y los fenómenos europeos del siglo XX.
La violencia discursiva presidencial tampoco esquivó a las pocas mujeres del listado. María O'Donnell ha sido blanco sistemático de la ira de Balcarce 50. Milei no dudó en renombrarla con el degradante apodo de "Mandrila O’Monnel", acusándola a viva voz de querer que al país le vaya mal. En uno de sus habituales arrebatos en la red social X, el mandatario compartió una entrevista de la periodista para sentenciar, sin ruborizarse, que "muchos ‘periodistas’ son cómplices de los políticos corruptos". Una estrategia de desgaste diseñada para minar la credibilidad de quienes hacen preguntas incómodas.
El podio de las obsesiones libertarias lo completa Jorge Fontevecchia, CEO de Perfil. A él, Milei le reservó el mote de "Tinturelli" y una catarata de agresiones públicas: lo tildó de "periodista ensobrado", "pautero" y "prebendario". La gravedad de las acusaciones llevó el tema a la Justicia penal, pero en un primer momento, el juez federal Sebastián Ramos decidió sobreseer al Presidente. El magistrado justificó su fallo argumentando que los exabruptos de Milei estaban amparados por la libertad de expresión, dejando un precedente peligroso sobre la asimetría de poder entre el atril del Estado y las empresas periodísticas.
El informe de Poliarquía termina siendo, paradójicamente, una cruda radiografía de la época. Mientras el Gobierno apuesta a la comunicación desregulada, a los ejércitos de trolls y al hostigamiento digital para intentar disciplinar la conversación pública, los sectores de influencia del país siguen depositando su respeto en el periodismo tradicional. Una distancia abismal que demuestra que el respeto no se impone a los gritos, ni a fuerza de likes.


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