
El Gobierno del "si pasa, pasa": reculada en el Congreso, bronca en la Rosada y el Excel que no cierra
Sección País
Al final, la estrategia del "si pasa, pasa" tiene patas cortas.
El Gobierno nacional aprendió a los golpes que el Congreso no es un set de televisión ni un hilo de Twitter. El famoso artículo 44 de la reforma laboral, ese que Bullrich metió por la ventana y que Sturzenegger defendió con tono canchero, terminó en el tacho de basura. No hubo corrección, ni "fe de erratas", ni redacción creativa. "No sale", sentenciaron los aliados. Y el oficialismo, pragmático ante el abismo, decidió sacarlo de cuajo antes de que se les caiga el dictamen.
El error no fue gratis. En los pasillos de la Casa Rosada, Karina Milei todavía le reprocha a la ministra de Seguridad la sobreactuación y el paso en falso que despertó a una oposición que dormía la siesta. "Es increíble que estemos discutiendo esto en lugar de una gran reforma", se lamentan en Balcarce 50.
Pero la improvisación no es patrimonio exclusivo de la reforma laboral. En el INCAA también vuelan los carpetazos. Se cambiaron las fechas del financiamiento para el 2028 y su titular, Carlos Pirovano —el verdugo que echó al 30% de la plantilla y cerró la mitad de los edificios— se enteró leyendo el diario. "Lo leí en el proyecto", confesó. Ni a los propios les avisan.
El Excel vs. La Calle
Mientras Martín Menem suda la gota gorda con el "poroteo" (dicen que los votos están, pero justos), afuera la realidad muerde. La CGT, empujada por unas bases que hierven, activó el paro general para el jueves.
Y aquí aparece la grieta cognitiva del Gobierno. Luis "Toto" Caputo mira los números y se agarra la cabeza: "Les bajamos las cargas un 85% y nadie festeja, no salgo de mi asombro". Quizás el ministro debería mirar otros números, los del INDEC: la industria automotriz cayó un 44%, caucho y plástico un 33%. Se cerraron 30 empresas por día entre 2023 y 2025.
"Que despedir no sea tan caro, porque si no cierro", le dijo un empresario de la zinguería a este medio. Ese es el clima de época: no se trata de invertir, se trata de sobrevivir. La consultora Analogías ya lo detectó: la gente no ve "modernización", ve una "disputa de poder". Y nació un nuevo grupo social: los de la "Desconfianza Generalizada", que odian a Milei pero tampoco se comen el sapo de la CGT.
La trinchera bonaerense
Del otro lado de la General Paz, Axel Kicillof ataja penales con los ojos vendados.
La Nación le debe 14,7 billones de pesos, pero la Provincia tiene que seguir comprando comida (7 millones de toneladas por mes, casi lo que compraba Macri para todo el país). "Milei ajusta y nosotros contenemos. Encima nos apuntan", se queja un intendente del conurbano.
Para colmo, el frente interno es un campo minado. Los docentes de la FEB rechazaron el 3% de aumento y van al paro. SUTEBA, conducido por Baradel, no para pero avisa: "El salario no alcanza".
Y como si faltara algo, la interna con La Cámpora está al rojo vivo. Kicillof no quiere saber nada con que un "K" puro le maneje el bloque en el Senado provincial. Desconfía. Y viendo cómo se manejan las traiciones en el peronismo bonaerense, hace bien.
Entre la impericia legislativa de los libertarios y el asedio financiero a la Provincia, la política argentina entra en horas decisivas. Mañana hay ley o hay escándalo. Y afuera, el paro espera.


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