
Francos blanqueó el costo del caso Espert y avaló su renuncia: "Hizo lo que tenía que hacer"
Sección País
Sin eufemismos, Guillermo Francos puso en palabras lo que en la Casa Rosada se venía masticando hace días: el affaire Espert golpeó al oficialismo y obligó a una cirugía de urgencia. “Al principio no tuvo claridad para explicar la situación y eso generó dudas o sospechas; fue un error de comunicación”, concedió el jefe de Gabinete en Radio Mitre. Traducido: la defensa errática del diputado terminó monopolizando la agenda y contaminando el tramo más caliente de la campaña.
Con el escándalo aún humeante, Francos justificó la renuncia: “Espert hizo lo que tenía que hacer, porque lo que se generó estaba perjudicando la propuesta política basada en la libertad que lleva adelante Milei”. El diagnóstico coincide con la lectura de la mesa chica: el caso se había vuelto ingobernable y eclipsaba el mensaje económico cuando el Gobierno necesita señales—hacia adentro y hacia afuera—antes del 26 de octubre.
Ahora, el tablero se mueve en dos frentes. En Diputados, la oposición ya olfatea sangre y va por la cabeza de Espert en la Comisión de Presupuesto y Hacienda. El oficialismo busca contener el daño reteniendo la presidencia para La Libertad Avanza y baraja reemplazarlo por "Bertie" Benegas Lynch o Diego Santilli. En paralelo, apunta a reimprimir la boleta bonaerense con "el Colo" al frente. La última palabra la tiene el juez electoral Alejo Ramos Padilla.
Francos, sin embargo, intentó correr el foco de la autopsia y volver al libreto macro: “No podemos distraernos de los objetivos económicos”. El problema es que la política no espera: la oposición convocó una mega sesión para restringir los DNU, emplazar el Presupuesto 2026, pedir interpelaciones y forzar definiciones. Con los mercados atentos a la negociación Caputo–Bessent, cualquier tropiezo legislativo o ruido en la boleta puede complicar la estabilización.
Puertas adentro ya hay consenso sobre el error original: las explicaciones públicas de Espert llegaron tarde y con contradicciones, un cóctel que en tiempos de redes vale doble. La apuesta oficial, desde hoy, es otra: cerrar la hemorragia, ordenar el mensaje y convertir la crisis en una señal de disciplina. ¿Alcanza? En campaña, el que marca agenda gana. Y esta vez, el Gobierno perdió varios días hablando de lo único que no quería hablar.


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